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Apenasnadie

Añoranzas...

 

 

 

 

La tarde agoniza lentamente ante mis ojos que se sienten heridos por los rayos de un Sol que se muere suavemente desangrando su vida en miles de tonos púrpura que se diluyen en las aguas del mar volviéndolo de un tono rojizo que semeja sangre solar.

 

Me siento sobre la arena tibia aún por el calor diurno y miro al disco solar directamente, sin parpadear, tratando de llenar mis ojos con su luz, trato de que invada mi cuerpo alguna sensación que no sea la añoranza de ella, que no sea el dolor por haberla perdido hace, ya, unos años, en éste mismo punto... en éste mismo mar.

 

Aún recuerdo nítidamente lo sucedido, aquella tarde, hace ahora unos 5 años, disfrutábamos los dos de nuestras primeras vacaciones juntos, tras largos meses ahorrando y planeando todo el viaje nos encontramos en ésta playa y disfrutamos de nosotros y del entorno, de día, playa, paseos, comidas y demás actividades propias de unas vacaciones. De noche, nosotros, nuestro amor a la luz de la Luna que entraba por la abierta balconada que daba directamente al mar, arrullados por el rumor de las olas sintiéndonos libres y atados el uno al otro a la vez. Hacíamos el amor con la tranquilidad que te da el saber que el tiempo es tuyo, que tienes toda la vida por delante, al menos así lo pensábamos entonces, luego la realidad fue mucho mas cruel y muy distinta.

 

Aquella tarde habíamos comido a deshora, y aún, yo al menos, me encontraba un tanto pesado con la digestión de una abundante y bien preparada paella de ésas que se preparan en los chiringuitos a pie de playa, regada ella con abundante vino de la tierra, como decía y aseguraba el camarero, luego, tras unos cafés y un rato de charla, dimos un paseo por la playa aprovechando que era un poco tarde ya y el calor había decrecido bastante, además, se había levantado una brisa que refrescaba el ambiente, esa brisa luego me dijeron que producía un efecto en el mar llamado resaca, no, no tiene nada que ver con la que deja una borrachera, esa resaca es una corriente que te arrastra mar adentro y, si es muy fuerte, te puede llevar muy lejos.

 

Al rato de pasear me dijiste:

 

-¿Nos bañamos... ? Hace calor y me apetece.

-Mira mejor no- le contesté yo -hace poco que hemos comido y yo, al menos prefiero hacer la digestión, te aconsejo que hagas lo mismo tu y no  te bañes ahora.

 

Pero no me hizo caso y echó a correr hacia el agua como una niña pequeña que quisiera jugar con las olas, y se metió en el agua, al principio todo iba bien, nadaba un poco pero lentamente, sin darnos cuenta se fue alejando de la costa, cuando quiso reaccionar ya era tarde, el agua se la llevó, se la tragó casi de repente, tan deprisa que ni me dio tiempo a buscarla, simplemente desapareció.

 

Se dio la voz de alarma, se la busco varios días, los pequeños barcos pesqueros colaboraron en la búsqueda infructuosa, nada, se la había llevado el mar y no quería ni devolver su cuerpo, un par de días más tarde me comunicaron que habían abandonado la búsqueda y que no había forma humana de dar con ella, seguramente alguna corriente submarina la había arrastrado muy adentro del mar sin posibilidad alguna de recuperar su cuerpo.

 

Yo me quedé anonadado sentado en éste mismo lugar que estoy ahora varios días, casi ni me movía de aquí, esperaba que en cualquier momento podía aparecer de pronto, con la misma prontitud que se había marchado, al fin tuve que aceptar lo que era a todas luces inevitable y marcharme, pero me aseguré de que cada año volvería a éste mismo sitio el mismo día... y aquí estoy, por quinta vez he vuelto y ya no puedo mas.

 

Miro las olas, mansas y largamente onduladas, que rompen perezosas en la playa, la luz apenas existe ya, el sol se hundió definitivamente en el mar dejando un halo de luz crepuscular que hace aún mas extraño el lugar, aunque lo he visto ya varias veces, siempre me sorprende la inmensidad de las aguas que se abren ante mi, como la luz va apagándose lentamente para dar paso a miles de puntitos blancos en el cielo que al rato adquieren el estatus de estrellas, pero a mi me parecen lamparillas que velan su cuerpo, un cuerpo que recibió una enorme mortaja para cubrirla por siempre.

 

La noche ya es señora del lugar, la Luna aparece tímida, como con miedo a interrumpir mis meditaciones e ilumina la playa con su blanca y espectral luz, me ilumina directamente como preguntando que hago allí sentado en la arena, tantas horas sin moverme que ya las piernas se quedaron dormidas hace mucho rato y ni las siento.

 

De pronto, un remover de las aguas, un chapoteo, blancas espumas suben a lo alto como si algo emergiese de las profundidades y llamase mi atención, me levanto de un salto con grandes dolores en mis dormidas piernas y echo a caminar cojeando hacia las aguas, si

Hay un remolino en el mar, algo se remueve como queriendo salir a flote, una voz me llama y se me pone el vello de punta en todo el cuerpo porque es su voz, es su VOZ la que me está llamando, con urgencia, pero sin miedo, me implora que vaya con ella.

 

Obedezco ciegamente y me interno entre las olas que, de pronto, han adquirido vida propia, se remueven a mi alrededor como queriendo ayudarme a ir a ella, camino hasta que dejo de hacer pie y nado hacia el lugar de donde viene la voz, al menos así me lo parece, otra voz, en la playa me grita:

 

-¡¡SEÑOR, SEÑOR VUELVA, EL MAR ESTA MUY PELIGROSO  ÉSTA NOCHE... HAY RESACA.. VUELVAAAAAAAA...!

 

Pero no hago ni caso, ella me llama, ella me necesita y ya la abandoné haceo 5 años y no voy a abandonarla de nuevo ahora, voy con ella, me urge que la acompañe.

 

Rápidamente, todo lo rápido que puedo nadar me dirijo al lugar de donde vienen las voces, la corriente me ayuda mucho en mi avance y al poco llego al lugar, no hay nadie, estoy solo y cansado y con muy pocas posibilidades de volver a la costa pues, aparte de la corriente en contra, está mi desfallecimiento, me abandonan las fuerzas y me dejo hundir en las aguas tibias, la sensación es agradable, el agua me cubre completamente y muy despacio profundizo en el mar, mis pulmones amenazan estallar por la apnea y mi cabeza desvaría pues la veo ante mi, me sonríe y me alarga la mano a la que me aferró con la desesperación de los últimos momentos y me dejo llevar por ella a lo más profundo.

 

-Te estaba esperando, sabía que algún día vendrías a mi.

 

Y llevándome con ella nos perdimos en las profundidades del mar para siempre, para no separarnos nunca mas...

 

A los pocos días, el gerente del hotel, comunicó a mi familia en Madrid que me había ahogado en el mar y que había sido imposible recuperar mi cuerpo tal y como le había sucedido a mi mujer cinco años antes.

 

Están equivocados, ambos vivimos en el fondo del mar, nos hemos transformado en peces, peces que no recuerdan ya casi cuando eran humanos, ahora, libres, recorremos juntos los mares del mundo sin ataduras, sin nada que nos impida ser felices aunque, de vez en cuando, alguna añoranza a aquellos años que vivimos en la superficie nos invade un tanto a los dos, pero es tan hermoso lo que tenemos que ya no queremos volver... aunque pudiésemos, que no podemos.

 

 

 

Mar de los Sargazos

un día cualquiera de 2052 (en la superficie)

 

 

 

 

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